Todos nacemos aptos para hacer y disfrutar de la música.
Hace aproximadamente 19 años llegamos a un contacto con un niño down a través de la educación musical. De pronto ya estaba sentado junto a los demás y nos dimos cuenta de que esto funciona.
La música activa sistemas motores, el sistema auditivo, táctil, la coordinación además de tener la maravillosa habilidad de conectar los hemisferios del cerebro.
Es la actividad más integradora.
La experiencia musical integra:
• Afectividad: concientizar y valorar sentimientos.
• sociomoral: responsabilidad y respeto mutuo
• social: aprendizaje cooperativo
• musico-terapia: salud del ser humano
• espiritualidad: comunica con el espíritu. Energía
• creatividad: intuición, innovación, reestructuración.
• motricidad: ritmo personal y colectivo. Coordinación
• cognición: estructura pensamiento lógico. Decodificción.
• etnomusicología: expresión de la cultura de cada pueblo
• ciencias: curiosidad acústica
• ecología: valorar el silencio. equilibrio entre consonancias y disonancias.
• autoconocimiento: conocer y amar mi voz, responder a la música afectivamente.
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La educación musical estimula y favorece el desarrollo de áreas como:
Procesos auditivos, atención, concentración, percepción, sistema motor (coordinación, motor grueso y fino), sistema fonoproductor, sistema cognitivo (asociaciones, formación de circuitos), memoria (auditiva, verbal, motora, etc), habilidades verbales, adaptativas y sociales, entre otras.
Además, la música sana... cura, organiza. Cada vez que estamos haciendo música dejamos fluir los sentimientos y al mismo tiempo les damos estructura y orden. Los sentimientos no nos llevan, la música los ordena. Lo afirma, valida el sentimiento y lo pone en un estado de salud.
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